Mientras escribo estas líneas estoy en el avión que va hacia Paris Orly. Son de nuevo las trece horas de vuelo que se hacen largas. Todo el mundo intenta matar el tiempo haciendo una cosa u otra. Hemos salido a la 1:20 de la mañana y a pesar de intentar dormir, es difícil no parar de despertarse una y otra vez. Dada la dirección en la que vamos siempre es de noche y aunque creo que no puede tardar mucho en amanecer ya. Este hecho hace que tenga una sensación de que la noche sea muy larga porque en Malasia ya son las 9:30 de la mañana, pero es uno de los efectos de este tipo de viajes. No obstante, creo que es más fácil adaptarse al nuevo horario cuando se vuela en esta dirección, pero ya veremos. La verdad es que ya no puedo dormir más y deseo entretenerme con algo, para ver si las 5 horas y media de vuelo se me pasan rápidas. No creo que la calidad de este texto sea la mejor en estas circunstancias pero esto es parte del viaje.
La vuelta a Kuala Lumpur en autobús resultó ser tranquila y agradable, teniendo en cuenta que nos desplazamos en bus. Cuando llegamos al hotel estábamos todos impresionados, el Traders es un hotel de cuatro estrellas a un precio bastante razonable, aunque lo mejor de todo es que está en frente de las Torres Petronas y las vistas que ofrece son impresionantes. Así que con este panorama y después de todo el cansancio del viaje, decidimos que durante los dos días que nos quedaban intentaríamos relajarnos y disfrutar de las facilidades del hotel. Después de un rato de estar por el hotel nos dirigimos a la Torre de Kuala Lumpur para tener una vista privilegiada de la ciudad de noche. Para cenar, fuimos al centro comercial que hay bajo las Torres Petronas y más tarde subimos al Sky Bar del hotel. Está situado en la planta 33 y durante del día es donde está la piscina pero por la noche lo convierten en una discoteca. Obviamente lo mejor es poder ver las Torres iluminadas de noche desde una cierta altura, ya que los coktails en relación a su precio no valen demasiado la pena.
Al día siguiente nos despertamos temprano para comprar las entradas para subir a las Torres Petronas. La taquilla abre a las 8:30 de la mañana pero si no te pones a hacer cola a las 7 de la mañana es posible tener entrada. De hecho tuvimos que esperar 3 horas para conseguir una entrada para la 13:20. Afortunadamente teniendo el hotel tan cerca pudimos volver (utilizando el servicio de transporte del hotel, parecido a un cochecito de golf) y meternos un rato en la piscina mientras mirábamos las Torres. La subida a las Torres solo dura 20 minutos pero si se va a Kuala Lumpur es necesario hacerla. Las vistas son impresionantes y el ascensor sube las 41 plantas donde está la plataforma que une los dos edificios en 41 segundos. Es una pena porque también es posible subir hasta la última planta, la 88 pero tendríamos que haber llegado antes de las 7 de la mañana para coger una entrada de este tipo. La tarde nos la volvimos a coger con calma y seguimos en el hotel. Por la noche volvimos al centro comercial, cenamos y miramos alguna tienda
Al día siguiente, ya nuestro último día, nos dirigimos a una zona altamente comercial de Kuala Lumpur. Una calle llena de tiendas y centros comerciales donde comimos y compramos recuerdos y pequeñas cosas para nosotros. También fui a que los peces llamados Garrarufa me hicieran la pedicura, visto lo popular y barato que es en Malasia. Fue una sensación curiosa, de mucho cosquilleo al principio pero agradable al final y me han dejado una sensación muy agradable.
Y finalmente de vuelta a casa, ahora ya veo como sale el sol y espero que las horas que quedan se pasen rápidas y pueda estar pronto en casa.




