martes, 23 de agosto de 2011

De vuelta a Kuala Lumpur


Mientras escribo estas líneas estoy en el avión que va hacia Paris Orly. Son de nuevo las trece horas de vuelo que se hacen largas. Todo el mundo intenta matar el tiempo haciendo una cosa u otra. Hemos salido a la 1:20 de la mañana y a pesar de intentar dormir, es difícil no parar de despertarse una y otra vez. Dada la dirección en la que vamos siempre es de noche y aunque creo que no puede tardar mucho en amanecer ya. Este hecho hace que tenga una sensación de que la noche sea muy larga porque en Malasia ya son las 9:30 de la mañana, pero es uno de los efectos de este tipo de viajes. No obstante, creo que es más fácil adaptarse al nuevo horario cuando se vuela en esta dirección, pero ya veremos. La verdad es que ya no puedo dormir más y deseo entretenerme con algo, para ver si las 5 horas y media de vuelo se me pasan rápidas. No creo que la calidad de este texto sea la mejor en estas circunstancias pero esto es parte del viaje.

La vuelta a Kuala Lumpur en autobús resultó ser tranquila y agradable, teniendo en cuenta que nos desplazamos en bus. Cuando llegamos al hotel estábamos todos impresionados, el Traders es un hotel de cuatro estrellas a un precio bastante razonable, aunque lo mejor de todo es que está en frente de las Torres Petronas y las vistas que ofrece son impresionantes. Así que con este panorama y después de todo el cansancio del viaje, decidimos que durante los dos días que nos quedaban intentaríamos relajarnos y disfrutar de las facilidades del hotel. Después de un rato de estar por el hotel nos dirigimos a la Torre de Kuala Lumpur para tener una vista privilegiada de la ciudad de noche. Para cenar, fuimos al centro comercial que hay bajo las Torres Petronas y más tarde subimos al Sky Bar del hotel. Está situado en la planta 33 y durante del día es donde está la piscina pero por la noche lo convierten en una discoteca. Obviamente lo mejor es poder ver las Torres iluminadas de noche desde una cierta altura, ya que los coktails en relación a su precio no valen demasiado la pena.

Al día siguiente nos despertamos temprano para comprar las entradas para subir a las Torres Petronas. La taquilla abre a las 8:30 de la mañana pero si no te pones a hacer cola a las 7 de la mañana es posible tener entrada. De hecho tuvimos que esperar 3 horas para conseguir una entrada para la 13:20. Afortunadamente teniendo el hotel tan cerca pudimos volver (utilizando el servicio de transporte del hotel, parecido a un cochecito de golf) y meternos un rato en la piscina mientras mirábamos las Torres. La subida a las Torres solo dura 20 minutos pero si se va a Kuala Lumpur es necesario hacerla. Las vistas son impresionantes y el ascensor sube las 41 plantas donde está la plataforma que une los dos edificios en 41 segundos. Es una pena porque también es posible subir hasta la última planta, la 88 pero tendríamos que haber llegado antes de las 7 de la mañana para coger una entrada de este tipo. La tarde nos la volvimos a coger con calma y seguimos en el hotel. Por la noche volvimos al centro comercial, cenamos y miramos alguna tienda

Al día siguiente, ya nuestro último día, nos dirigimos a una zona altamente comercial de Kuala Lumpur. Una calle llena de tiendas y centros comerciales donde comimos y compramos recuerdos y pequeñas cosas para nosotros. También fui a que los peces llamados Garrarufa me hicieran la pedicura, visto lo popular y barato que es en Malasia. Fue una sensación curiosa, de mucho cosquilleo al principio pero agradable al final y me han dejado una sensación muy agradable.

Y finalmente de vuelta a casa, ahora ya veo como sale el sol y espero que las horas que quedan se pasen rápidas y pueda estar pronto en casa.

lunes, 22 de agosto de 2011

En los templos de Penang


Después de tres horas de vuelo llegamos a Penang, una isla al lado de la península malaya. De todos los sitios que hemos estado en Malasia es sin duda el más caluroso. Durante la mañana un sol caluroso toca las calles y por la tarde llueve de forma torrencial, esto hace que haya una sensación de calor y bochorno constante.

Como llegamos un poco tarde, lo único que hicimos el primer día fue examinar el hostal y después ir a cenar. Íbamos al hostal con buenas expectativas pero lo que nos encontramos fue decepcionante. En principio Planas y Xavi tenían una habitación con dos camas y baño, sin embargo, se encontraron con una cama de matrimonio. Afortunadamente, había otro hostal regentado por la misma gente con instalaciones mucho más modernas. Les ofrecieron otra habitación, esta vez con dos camas, y nosotros nos quedamos la habitación que inicialmente tenían ellos para así tener, al menos, un baño en la misma habitación. No obstante, era un poco ruinoso. Se escuchaban mucho la gente de las habitaciones de nuestro alrededor y aquellos que paseaban por el pasillo. Es lo que se tiene por un precio barato.

El segundo día por la mañana recorrimos la ruta que marcaba la Lonely. Lo más interesante fue ver la casa de unos Nyonya, que eran los descendientes de las familias adineradas chinas que migraron a Malasia en el siglo XV. Ahora lo que queda en esta casa-museo es una muestra de mezcla de culturas y ostentación. A parte de poder observar los diferentes objetos, conocimos a un guía que nos hablo sobre el festival "Hungry Ghost" e insistió en que quedásemos aquella noche para asistir y ver diferentes actos de la comunidad china. Al parecer, esta festividad ocurre durante todo el séptimo mes lunar chino, en que los fantasmas de los antepasados pueden volver a la tierra. Durante este mes aquellos fantasmas que no tienen una familia a la que volver pueden ser agresivos si no se les alimenta. Por este motivo se les ha de dar comida y se ven platos cerca de altares llenos de incienso para estos fantasmas. La verdad fue interesante y nos hicieron una foto para un periódico chino.

Al siguiente día vimos tres templos budistas diferentes realmente interesantes, aunque no sin pasar mucha calor. Menos mal que descubrimos un local donde beber zumos de fruta natural que eran realmente refrescantes.

El último día en Penang ya no hicimos gran cosa, ya que teníamos que coger un autobús de vuelta a Kuala Lumpur y esta vez ir a un prometedor hotel con vistas a las Torres Petronas.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Mares y montañas de Kota Kinabalu


El primer día en Kota Kinabalu fuimos a las islas turísticas que hay delante de la ciudad. Hay un total de cinco y para llegar a ellas hay que coger un barco y negociar con los empleados del embarcadero a qué islas quieres ir y a qué hora te van a recoger. Después de dar vueltas a las diferentes posibilidades que teníamos, decidimos ir a la isla de Sapi, una de las más pequeñas y que después nos llevasen a la isla más grande llamada Gaya. Sapi personalmente me decepcionó mucho. Muchas agencias turísticas locales llevan a grupos completos a la isla, allí la gente hace snorkel, se baña en la playa y comen en unas mesas que les tienen preparadas. El problema es que la cantidad de gente que se mueve por la pequeña isla es tal que el agua está bastante sucia, los baños asquerosos y arena llena de desechos. En esta isla hay un pequeño jardín de coral y hacer snorkel en la zona es bonito pero no se podía comparar con lo que vimos en las Perhentian.

Acabada la mañana el barco nos llevó a la isla de al lado. Al contrario de la anterior, estaba desierta, solo habían un par de turistas que hacían se preparaban para hacer submarinismo. La playa no estaba demasiado preparada para nadar, o sea que parece que no era una opción llevar a la gente a esta isla. Decidimos comer en el restaurante que había allí y después dar una vuelta por uno de los senderos que bordeaban la costa. De todas las cosas que hicimos en esta localización fue la más entretenida. El camino no resultó ser complicado y a la vuelta pudimos observar unos macacos moverse de árbol a árbol. De hecho, según explica Xavi, se le cruzaron varios por el camino y lo miraron con desconfianza.

Al día siguiente alquilamos un coche para ir hacia la montaña Kinabalu. Es el pico más alto de Malasia, con poco más de 4000 metros. Dicen que aun hay algún tigre por esta montaña que vive en libertad pero nosotros obviamente no vimos ninguno. Desde Kota Kinabalu hasta el parque natural de la montaña se ha de recorrer una hora y media de coche. Una vez allí paseamos por algunos de los diferentes senderos que habían marcados. Personalmente lo encontré un paisaje muy bonito, realmente verde y con un ambiente fresco , aunque supongo que lo más impresionante de venir a esta montaña ha de ser subir hacia la cima.

El tercer día también disponíamos del coche, o sea que aun fuimos más lejos, hacia el parque de Pouring Springs. Técnicamente se supone que son unos baños de aguas naturales pero una vez llegado allí nos dimos cuenta que más bien eran unas pequeñas piscinas bastante cutres. Lo que parecía valer más la pena era hacer las otras actividades que ofrecía el parque, como subirse al Canopy (una especie de pasarela colgante a varios metros del suelo), ir a ver las cascadas o lo que me gustó más, ver una cueva llena de murciélagos. En la cueva de murciélagos te acercabas un poco y veías como todos ellos dormían boca abajo y como, de vez en cuando, alguna volaba por la cueva. Nunca había visto tantos murciélagos juntos.

Se ha de decir que el último día no teníamos muy claro que hacer. Por este motivo decidimos darle otra oportunidad a las islas e ir a la que se supone que tenía el jardín de coral más bonito. Esta vez no resulto ser tan decepcionante y vimos aun más variedades de peces. Incluso llegamos a ver peces payaso acurrucados en sus anémonas.

sábado, 13 de agosto de 2011

Kuching: delirios gatunos


Al final tuve que pasar dos días en cama y durante esos días Francesc y yo nos perdimos la excursión a Semengok, una reserva natural de orangutanes. No obstante, parece que no valía mucho la pena por la poca cosa que se veía. Lo que sí parece que hubiese sido merecedor de ver eran las Long House, unas casas tradicionales de la zona y un salto de agua en que Planas y Xavi se bañaron. A ambos sitios les llevó allí David, un guía y encargado del hostel, que además resultó ser muy amigable y creo que nos hizo sentir a todos como si estuviésemos en casa. Después de todo, puestos a escoger no podría haber mejor sitio para estar enferma.

Al tercer día por fin pude salir a visitar Kuching. Dimos un paseo al lado del río y completamos la ruta que marcaba la Lonely Planet. Hacía realmente mucho calor pero fue curioso ver estatuas y figuras de gatos por todos los lados. Incluso las alcantarillas tenían un gato dibujado. Se ve que Kuching significa "gato" en malayo pero que el origen de este nombre no está muy claro.

El último día nos desplazamos hasta el Parque Nacional de Bako. De la zona fue lo que más me gustó. Nada más llegar con la barca, vimos en directo como un macaco robaba una magdalena a un turista que desayunaba despistado. Estos bichos estaban cerca del embarcadero, como si esperasen a ver si les caía algo de comida de los turistas, se metían en las basuras y miraban curiosos. Del resto, caminamos por la jungla del parque. Hay unas rutas marcadas, con distancia y tiempo aproximado de realización. Al principio pensamos que el tiempo marcado para la ruta que queríamos hacer era exagerado: 3 horas para 5,8 kilómetros, pero después vimos la realidad del camino. Bastantes trozos de ascenso y descenso entre raíces de los árboles, que impedía ir a un ritmo de sendero de montaña. Hoy aun tengo algo de agujetas de los caminos, pero realmente mereció la pena, supongo que al final caminamos un total de 8 kilómetros por el parque.

Hoy ya estamos en Kota Kinabalu pero esta es una historia que explicaré en el próximo post...

martes, 9 de agosto de 2011

Singapur


Singapur para mi gusto es una ciudad más moderna y bonita que Kuala Lumpur. Nada más llegar al aeropuerto, ya se ve que es más moderno y está mejor cuidado. No obstante, así como alojarse en Kuala Lumpur es relativamente barato, Singapur no lo es en absoluto. No fue fácil encontrar un hotel por el que pagásemos un precio aceptable y al final nos quedamos con uno que era relativamente barato pero resultó ser sucio y estar en un barrio bastante asqueroso. La habitación olía a tabaco y las sábanas y el suelo no parecían estar del todo limpias. Pena de esto, porque según parece el resto de la ciudad bien valía la pena.

La primera noche que pasamos en Singapur, fuimos a un local llamado New Asia bar que estaba en la planta 72 de un hotel. La idea era poder ver vistas de la ciudad mientras nos tomábamos una copa tranquilamente, tal y como recomendaba la guía. No obstante, resultó ser una discoteca de música techno, los vidrios estaban bastante entelados y con la entrada no nos entraba ninguna copa sino un refresco. El local estaba bien y si se quiere ir a bailar y poder mirar la ciudad por los trozos que se ve, es una gran experiencia, pero nosotros íbamos con otra idea. Creo que llegamos demasiado tarde y que si pudiésemos haber llegado con la puesta del sol hubiese sido más tranquilo.

Al día siguiente tuvimos una agenda apretada. Primero por la mañana nos desplazamos al Jardín Botánico y en concreto entramos en el museo de orquídeas. La orquídea es un símbolo de la ciudad y en este museo natural habían de muchos tipos. La lluvia nos acompañó toda la mañana, pero no creo que fuese una cosa negativa. Con chubasqueros y paraguas nos pudimos mover por el museo sin problema y el ambiente así fue mucho mas fresco y los olores a lluvia y plantas siempre los he encontrado agradables.

Después cogimos un taxi hacia Orchard Rd. Si el centro comercial de Kuala Lumpur ya me sorprendió, esta calle lleno de centros comerciales aun me pareció más impresionante. No solo eran edificios de varias plantas por encima del nivel de la calle sino también por debajo. Creo que se necesitaría varios días para recorrerlo todo y saber donde están las diferentes tiendas. Además, la sensación de modernidad acompañaba las diferentes instalaciones.

Por la tarde fuimos al barrio de Little India y por la noche a la zona de bares y restaurantes que hay al lado del río. Esta zona se llama "Quays" y está dividida en cuatro, depende del tipo de local que se esté buscando. Había bastante gente en la calle y mucha gente se ponía encima de los puentes o en la hierba y hacía un picnik. Por aquella zona además esta la estatua del león con cola de pez, emblema de la ciudad.

Me gustaría haberme alojado a uno de los tres súper hoteles de lujo unidos en la parte superior por una piscina con vistas a la ciudad pero tuvimos que volver a nuestro cutre hotel.

Al día siguiente cogimos un avión para venir hacia Kuching, ciudad de los gatos. Ahora estamos en un hostal, infinitamente más barato y mejor que el anterior hotel. Y aunque no tenemos baño en la habitación, el sitio es limpio y agradable. La mala noticia es que, para venir a esta zona, es recomendable tomar Malarone, ya partir de ahora estaremos en contacto con jungla. No obstante, a mi la dichosa pastillita me ha sentado fatal. Llevo un día con fiebre, diarrea y dolor de barriga. Mientras escribo este post, puedo decir que me encuentro bastante mejor que ayer y espero mañana poder estar lo suficientemente recuperada como para poder ir a ver jungla y monos en el Parque Nacional de Bako.

viernes, 5 de agosto de 2011

The Perhentian Islands


Ya llevamos dos días en las islas Pulau Perhentian. Son totalmente de vacaciones familiares, mucha playa, excursiones marinas y nada de ruido ni fiestas por la noche. Eso sí, son un buen modo de desconectar, descansar, comer y no hacer nada. Todo nos lo suministra el hotel resort en el que estamos llamado Tuna Bay, aquí venimos a hacer todas las comidas y nos lo van cargando a la cuenta de nuestra habitación. Ayer comimos langosta enorme y, aunque aquí la comida no es cara, temo que la factura subirá bastante para los estándares que normalmente gastaremos en este país. No obstante, vale la pena y si tenemos en cuenta que será como un todo incluido, no está nada mal.

Incluso nos incluye una excursión que hemos hecho esta mañana. Hemos ido a hacer snorkel en tres puntos diferentes alrededor de la isla donde estamos. Primero el barco nos ha llevado un poco más lejos, a una zona donde había muchísimo coral y flora marina diversa, además de peces. Luego hemos ido al llamado “fish point”, una zona llena de peces de colores muy diversos. Creo que el que más nos ha gustado a los tres (solo hemos ido Xavi, Francesc y yo, porque Planas se ha quedado leyendo, eso del snorkel y el sol no le va nada), ha sido un pez torna-sol con varios colores. Después nos hemos desplazado al “turtle point”. Allí había otros barcos más, porque había una gran tortuga comiendo del fondo marino. Lo más bonito de verla ha sido verla empezar a nadar a poca distancia de todos los turistas curiosos.

Esta vida relajada se acabará pronto porque mañana cogeremos otro vuelo para ir a Singapur, el único inconveniente es que tendremos que pasar todo el día entre aeropuertos, ya que cancelaron el único vuelo directo que había desde esta parte de la península y tenemos que hacer escala en Kuala Lumpur.

Kuala Lumpur de Jet Lag


Ahora estamos en una playa tropical de agua cristalina. De mientras que estoy en la arena vigilando las mochilas, aprovecho para escribir estas líneas. No ha sido un trayecto placentero para llegar aquí. Después de las trece horas de vuelo (que por cierto Planas se leo todo su libro de un tiron) llegamos bastante cansados a Kuala Lumpur. Cuando salimos del avión eran las 5 de la mañana hora local, no obstante no hacia el fresco de horas tempranas de madrugada, sino todo lo contrario. El ambiente era muy cálido y húmedo, creo que incluso más de lo que nos esperábamos. Una vez pasada la aduana, fuimos a coger nuestro bus, uno bastante borreguero que daba la sensación que tenía que volcar en la primera curva. Y empezaba el día pero sin siquiera haber dormido.

Llegamos al hotel demasiado tarde para ir a hacer cola para las Torres Petronas (hay que llegar antes de las 8) pero nos desplazamos a verlas igualmente. Debajo de las Torres hay un impresionante centro comercial, donde desayunamos. Como anécdota, Xavi se comió un buen platos de fideos, pero si hubiera querido se podría haber comido nachos o sushi, porque en la sección de comida había prácticamente de todo. Visto lo cansados que estábamos, finalmente decidimos volver al hotel y dormir dos horas. En mi opinión en bastante necesarias porque de otro modo hubiésemos deambulado con un terrible cansancio todo el día. Eso es lo que creía antes de echarnos a dormir pero, al despertarnos, la sensación de cansancio seguía ahí, seguramente podríamos haber dormido toda la tarde del tirón. A pesar de todo, nos movimos y pasado el rato, especialmente después de comer, yo me sentí mejor. Por la tarde fuimos a un enorme centro comercial, para mí que no tiene ningún análogo en Barcelona. Sería necesario unir Diagonal Mar y Gran Vía 2 y creo que ni así tendría las mismas dimensiones. Se llama Imba y si tuviera que decidirme a comprar ropa allí no sabría por donde empezar.

El resto de la tarde fuimos a buscar el parque de Titiwangsa aunque en vano. Estuvimos andando bastante rato y sin éxito porque no lo encontramos. Finalmente fuimos al hotel. Personalmente me dormí enseguida (eran las 21 de la noche) y sin cenar ni nada. Lo que sí fue extraño fue el irse despertando a cada rato, con la sensación de haber dormido demasiado rato y que llegaríamos tarde al aeropuerto para coger el avión hacia Kota Bharu que después nos llevaría a las paradisiacas islas de Palau Perhentian.

¡Qué islas más maravillosas! Y hoy, de momento, sin contar un plato de arroz con pollo que me he comido a las 6 de la mañana (la foto adjunta), ya no noto tanto el jet lag.

miércoles, 3 de agosto de 2011

El vuelo de trece horas


Empiezo a escribir estas líneas cuando llevamos tan solo cuatro horas en el aire. De momento no se ha hecho pesado, un rato de leer, hemos comido y visto un capítulo con el portátil. En el avión no hay ninguna pantalla para ver películas ni programas y los asientos son más bien estrechos para ser un viaje de tantas horas.

El tema de la comida ha sido curioso. Habían tres tipos de comida: yo he comido el Malayo que se trataba de una especie de arroz con pollo y frutos secos que no me ha parecido nada mal. Francesc tenía el vegetariano, unos fideos con verduras (a pesar de haberlo intentado cambiar, la página de Air Asia no nos hizo caso) y el internacional era un pollo con salsa de champiñones.

Xavi lleva casi todas las horas de vuelo durmiendo y el Planas se ha agenciado el e-reader y ha empezado a leer Los hombres que no amaban a las mujeres, me pregunto si se lo acabará en las horas que quedan. Yo sin duda mi libro de A dance with dragons me durará todo el viaje… Parece que los momentos de avión serán los más idóneos para escribir estos posts, ya que durante los ratos de aeropuerto nos dedicamos a jugar al Gran Dalmuti, de momento el ranking en la clasificación de partidas ganadas es la siguiente:

1º Planas, 2º Francesc, 3º Yo, 4º Xavi

Algo me dice que este ranking se mantendrá igual durante todo el viaje.